• Paola K

En Los Límites de la Comodidad…

Photo by: Paola K; Quintana Roo, México

No puedo imaginarme, que en estos tiempos exista alguien que no aspire al comfort como estilo de vida.

¿Para qué nos esforzamos tanto en obtener tanta riqueza material, si no es para poder vivir con más comodidad?

¿Para qué inventar tantas industrias que producen cosas o proveen servicios, si no es porque queremos vivir una vida más fácil, con más lujos y excentricidades?

Creo que toda nuestra estructura social y mentalidad colectiva en el siglo XXI está enfundada en esta obsesión por el alcanzar los más altos grados de comfort, facilidad y accesibilidad 24/7.

No niego que es un privilegio vivir cómodamente y sin tener que preocuparme si voy a poder comer en las próximas horas o no; o dónde voy a vivir. Cosas fundamentales, que, tristemente aún para millones de personas siguen siendo esas mismas preguntas su cuestionamiento diario de supervivencia.

Así de loco está nuestro mundo; una sociedad en el occidente puede darse el lujo de pedir su comida online, dos “clicks” en su smartphone y minutos más tarde reciben su pizza caliente hecha de ingredientes orgánicos (o así lo quieren creer); mientras que en otra parte del planeta, en comunidades indígenas remotas, la gente aún tiene que viajar más de diez kilómetros a pie con sus cubetas de plástico rancio para abastecerse de un poco de agua medio potable del río más cercano.

Más allá de estas tristes distinciones entre los niveles de comodidad, hay una pregunta que acecha mi cabeza desde hace un rato y que hoy decidí bajarla al mundo “real” de las letras para buscarle un sentido:

¿Hasta qué punto el comfort termina siendo dañino para las personas?

Hace un tiempo, leí la única autobiografía escrita por Mathama Ghandi. Su libro se llama “La historia de mis experimentos con la verdad”. Su verdad.

Ghandi fue un hombre extraordinario que dedicó su vida a honrar a su patria de la forma más sublime que podemos aspirar en esta existencia humana. Su capacidad de compasión, amor, entrega y servicio; aunado con sus extraordinarias capacidades como abogado, activista político y líder por la paz; han dejado una huella que trasciende tiempos y generaciones.

Tal vez no muchas personas lo saben, pero Ghandi era una persona que vivía de forma muy austera por elección propia y además, era una persona que se imponía a sí mismo sus propias reglas y atacaba sus más estrictas disciplinas.

Sólo por mencionar algunas de las disciplinas a las que se sometía puedo nombrar las siguientes:

Ghandi comía sólo tres tipos de alimentos: Frutas, verduras y granos. La carne y productos derivados de origen animal eran estrictamente prohibidos. Por una parte, por su religión; y en segunda, por su propia convicción. Él consideraba completamente anti-humano tomar leche de vaca, comer carne de otro ser vivo o cualquiera de sus derivados. El hecho de que el hombre tenga el pensamiento de comer carne por satisfacción y no por necesidad, lo consideraba como tener una mente de consciencia inferior.

Entendió que el ser auto suficiente en todos los ámbitos lo acercaba más su vocación de servicio. Por ello, él mismo se confeccionaba su ropa, preparaba su comida, limpiaba sus zapatos, limpiaba su casa y hasta se cortaba él mismo el cabello.

Caminaba varios kilómetros al día y lo consideraba como una de sus tácticas para mantenerse sano y activo.

Practicó el celibato aún y estando casado por convicción propia.

Tomó la verdad como su absoluta forma de vivir; por lo que mentir para él era como negar la existencia de Dios.

Consideraba que el único poder legítimo radicaba en la capacidad de servir. Él enfocó su servicio a India y a la liberación de la nación de la dominación Británica por medio de un movimiento pacifico, sin incitar la violencia.

La lección que me dejó leer su autobiografía y descubrir su forma de pensar y actuar en búsqueda de la verdad y del verdadero servicio a Dios a través de sus actos, es que una persona con tanta capacidad de abandono de sí misma sólo puede desarrollarse si esa persona decide someterse a las más estrictas disciplinas.

Ghandi, y muchos otros líderes que han trascendido a lo largo de nuestra historia, se han vuelto inmortales porque pagaron el precio de renunciar al ego, sacrificando el comfort en sus vidas a cambio de austeridad, y disciplina absoluta, para de esta manera alcanzar metas más sublimes que van más allá de su propio beneficio personal.

No me extraña que, a estas alturas, ya no conozcamos líderes que sean capaces de cometer tales actos de amor.

Los líderes actuales, son considerados “líderes” por su capacidad de acumular riqueza e influencia. Ya no hay Ghandis a quienes admirar; ahora sólo están los Zuckenbergs, Bezos, y Gates del mundo, los cuales son admirados por no por sus bondades del alma, si no por su capacidad de generar riqueza y poder.

Ser un líder en estos días ya no se trata de querer sacrificar la comodidad – y mucho menos la vida- para el beneficio y las libertades de los demás; ahora se trata de acumular recursos y poder para desequilibrar a las poblaciones mundiales, y acrecentar la brecha de desigualdad. Todo por monopolizar productos y servicios para nuestra “comodidad” y “bienestar”.

¿Debemos estar agradecidos con ellos, por hacernos la vida más fácil?

No lo sé. Yo soy de la opinión que buscar la comodidad es un arma de dos filos.

Por una parte, creo profundamente que todos merecemos vivir de forma digna, con las herramientas y recursos necesarios para poder disfrutar plenamente de la vida. No se trata de tener que ser siempre mártires del mundo y vivir en escasez por el puro hecho de sufrir.

Pero creo también que hay límites, y que la comodidad puede meterte en un hoyo sin salida.

Por ejemplo, herramientas como el Facebook han ayudado a conectar a millones de personas; te ahorra el trabajo de escribir emails, cartas o de hablar por teléfono. Si alguien cumple años, ya no necesitas ni memorizar la fecha; Facebook te lo recuerda. Encima te propone qué tipo de felicitación puedes mandar. Eliges un “template” escribes feliz cumpleaños y listo. Ya cumpliste. Ahora puedes pasarte las siguientes dos horas revisando el resto del newsfeed.

Mientras más uses el servicio, más poder tiene Facebook. Más comfort para ti, pero menos poder. La atención, que es tu fuente de poder, se la regalas a Facebook de a gratis. Qué lindo, ¿No?

Si la vida se vuelve demasiado cómoda, ponemos en peligro nuestra capacidad creativa, y nuestros talentos en la resolución de problemas. Caemos en el riesgo de estancar nuestro crecimiento humano.

En un mundo donde la vida parece darnos demasiadas comodidades, creo que vale la pena preguntarnos: ¿Cómo revalorar el sacrificio auto-impuesto y la austeridad, como una herramienta para el crecimiento humano?

Yo creo que una sociedad que se ha vuelto floja, es una sociedad dependiente y que termina tomando rol de víctima. Una sociedad débil, que no es auto-suficiente por sí misma, por el valor de sus hombres si no que depende de sólo un par de individuos en el poder, puede hasta estar en peligro de colapso, en mi punto de vista.

No se trata de demonizar el progreso. Se trata de preguntarnos si este progreso nos está haciendo más sabios, más sanos mental y físicamente; más conscientes de nuestro mundo y sus realidades; mejores personas, con mayor capacidad de amar; si realmente estamos advocando por más unión, más belleza, más justicia y más verdad.

La persona que tiene la virtud de la austeridad y disciplina, conoce muy bien las profundidades de su ser. Conoce sus límites. Sabe quién es. No podemos conocernos a nosotros mismos, si no experimentamos con nuestros propios límites. y ¿Cómo hacerlo en un mundo que pretende servirte todo en bandeja de plata?

Mi reflexión y propuesta en este tema es: Retomemos la virtud de la austeridad y la disciplina en su justa medida. No sacrifiquemos nuestra naturaleza de crecimiento humano por tener más comodidad.

La comodidad en exceso nos hace flojos, conformistas y mediocres.

Busquemos lo superior. La única manera es adentrándote en tu ser, probando los límites de lo que crees que puedes llegar a ser. Autodisciplina; austeridad; humildad; y búsqueda de la verdad.

Yo espero, que busques una vida con menos comfort y con más desafíos.

¿Te atreves?

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