• Paola K

La Belleza está en lo Pequeño

En un mundo que está obsesionado con el crecimiento indiscriminado y la acumulación material, yo me mantengo en la creencia fiel de que menos, es más. No seré la voz más popular, pero soy una voz de todas formas.

Hace unos días, leí en un artículo de economía acerca de los países “ganadores” y “perdedores” que ha dejado la pandemia del “Covid” y las predicciones sobre crecimiento para el 2021. El artículo señalaba a China como el gran ganador, por mantener a los supuestos contagios de la población “bajo control” y al mismo tiempo aprovecharon las restricciones de confinamiento de otros países para importar una mayor cantidad de productos, en su mayoría productos médicos y de consumo doméstico.

Según el artículo, China espera un crecimiento de más del 8% este año de seguir continuando la situación actual a nivel global (spglobal.com). Los países “perdedores” son los tal llamados “en desarrollo” que están al borde del colapso por los miles de negocios que han tenido que cerrar y por lo consiguiente, miles de personas que se han quedado sin empleo no pueden contribuir activamente a la economía local; representando así una amenaza para los gobiernos que tendrán que endeudarse con el Fondo Monetario Internacional para sacar a flote a sus respectivos países. No hay que ser muy listos para ver la fórmula destinada al desastre: confinamiento + cierres de negocios = colapso de economías locales.

Por cierto, me parece una aberración, que se siga usando el término “en desarrollo” a países como Brasil, Sudáfrica, India…grandes países con una riqueza cultural impresionante, sabiduría milenaria y con vastos recursos naturales, e incluso en algunos sectores con conocimientos y tecnologías más avanzadas que en países “desarrollados” como Alemania o Estados Unidos, pero esa es otra historia.

A la luz de “pandemias globales” y calamidades, seguimos midiendo nuestro éxito como humanidad en la cantidad de dinero y bienes materiales en volúmen que acumulamos; en el crecimiento exacerbado de las economías. No hay una sola visión de empresa global actual que no aspire a ser “la líder del mercado”, “suministrar a todo el mundo con sus bienes y servicios”, penetrar cada hogar, cada persona y cada pensamiento. Hablamos de un deseo de crecimiento sin límites.

Para muestra un botón. Sólo falta ver los imperios de Amazon, Google… y los daños colaterales que han causado a pequeñas y medianas empresas que no cuentan con una plataforma tan vasta para sobrevivir cierres masivos y prolongados. Quién lo diría. Naciones quiebran, corporaciones globales se enriquecen. Los mismos ciudadanos que se quedaron sin empleo, y tuvieron que cerrar sus propios negocios, son los que ahora dan su poco dinero a comprar en línea por Amazon y a pagar mensualidades a Netflix para seguir viendo sus series favoritas. Si esto fuera un partido de futbol así queda el marcador humano: Avaricia 1- Sabiduría 0

Todos estos hechos me hacen reflexionar sobre qué tan lejos estamos de volver a conectar con la verdadera sabiduría que siempre nos ha caracterizado desde nuestros tiempos ancestrales. Esa conexión con las cosas pequeñas y hermosas de la vida; dar más valor a los pequeños detalles como oler las flores frescas del campo, disfrutar del tacto singular de la tierra; experimentar nuevas formas de hacer las cosas en las pequeñas actividades cotidianas y explotar nuestra creatividad inspirados en nuestros alrededores, en nuestra localidad.

Aspirar a una vida simple, a un pensamiento independiente, apreciando la belleza intrínseca de la naturaleza. En lugar de ello, hemos decidido vivir en un circo acumulando plásticos y metales coloridos perfumados. Comiendo chatarra químicamente procesada en lugar de fruta y verdura fresca. Ponemos más valor a lo producido sintéticamente que a lo que la naturaleza nos provee de forma gratis y natural y de paso, destruir lo poco que queda de ella. En eso ha convertido nuestro hogar.

El tema de crecimiento siempre me ha parecido muy interesante. La ciencia y tecnología en nuestra actualidad, apoya el crecimiento desmedido de ciertas industrias que monopolizan el mercado y relacionan este crecimiento con prosperidad. Pero si observamos la naturaleza, podemos ver que la mayoría de nuestros co-habitantes como las plantas y los animales, crecen de una forma orgánica, controlada, que entona con el ambiente.

Un árbol nunca crece más de lo que debería crecer ni consume más energía de la que debería consumir de acuerdo a su hábitat. Y sin embargo, nosotros vivimos con la ilusión de crecer ilimitadamente en un mundo que tiene reglas de crecimiento limitadas. Como dijo sabiamente el famoso germano-británico estadista y economista E.F Schumacher: “Una actitud de vida que se enfoca en la mera búsqueda de la riqueza material como propósito último no encaja en este mundo, porque el deseo de acumulación material no contiene en sí mismo un principio limitador, mientras que la naturaleza en la que vivimos opera con límites controlados de crecimiento”.

Valdría la pena cuestionarnos cómo podríamos mantener un crecimiento orgánico, gentil con el medio ambiente, que nos brinde prosperidad pero no sea tan violento como el de estas últimas décadas. Yo pienso que los pasos pequeños y conscientes de crecimiento aportan belleza y elegancia a la vida. Las cosas que se desarrollan a su propio tiempo, mantienen su balance y su fluidez.

La grandeza está en los pequeños detalles. En observar que hasta la más pequeña flor y el más diminuto grano de arena, tienen su razón de ser y están hechos a la perfección y medidas exactas que necesitan para manifestarse de forma perfecta en este mundo.

De igual manera creo que nuestro crecimiento humano se debe dar de una forma más orgánica y natural: Crecer espiritualmente, a nuestro propio tiempo y espacio, haciendo lo que nos llena y lo que amamos, sin perder nuestro centro, es como vamos a descubrir nuestro propio ritmo; es la manera en la que vamos a entonar armónicamente con el compás de crecimiento de nuestro mundo. La grandeza del mundo espiritual, contrarrestará el desbalance de la excesiva necesidad de acumulación material en el mundo exterior.

Volver a lo simple, es lo que nos puede salvar de este laberinto sin salida de acumulación material. Recuerda, lo pequeño es hermoso.

Cualquier estúpido que se cree inteligente puede hacer las cosas más grandes, más complicadas y más violentas. Toma un toque de genialidad- y mucho coraje, moverse en la dirección contraria”- E.F Schumacher

Photo by Engin Akyurt on Pexels.com


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