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¿Somos Realmente Libres?

Photo by Kseniya Mazaeva on Pexels.com

La virtud más grande que se le ha otorgado a la humanidad, es el libre albedrío. La libertad de elegir un camino de vida el cual vaya de acuerdo a tus propios valores, creencias y pensamientos.

El libre albedrío es un tema que debatimos desde siempre; los filósofos de todas las épocas nos hablaban del determinismo, como una corriente ideológica que atribuye toda consecuencia a una causa; y por lo tanto todo lo que pasa en nuestra vida hoy es consecuencia de las acciones, pensamientos y comportamientos del pasado.

La verdadera cuestión es ¿Hasta qué punto el ser humano puede elegir libremente? ¿Cómo saber si la libertad de elección está restringida al momento de nacer, sin siquiera darnos cuenta de ello durante el transcurso de nuestras vidas?

Como una persona soberana, yo he asumido que soy libre porque he tomado mis propias decisiones en base a mi intuición y razonamiento. Pero aún así, creo que dentro de mi consciencia había algo que me limitaba- como un techo de cristal invisible- no sabía si impuesto por otros o por mí misma. Una prisión mental llena de creencias y visiones de vida basadas en el miedo a fracasar y el miedo a morir.

El techo de cristal nos impide saltar de la barrera donde la consciencia cómodamente se ha ajustado. Con tal de no salir de la molicie, tomamos decisiones “comodinas”- Trabajar en algo que no nos gusta pero nos hace ganar algo de dinero, suficiente para conservar el nivel comodín. Aceptar situaciones mediocres o evitar conflicto con tal de no esforzarse demasiado; estos son ejemplos clásicos con los que la gente común se conforma a vivir. Acostumbrarse a la siniestra rutina de trabajo; lamentándonos cada lunes y alegrándonos cada viernes, en un ciclo que parece nunca terminar; la dorada jubilación se ve cada vez más lejana; los gobiernos europeos están subiendo progresivamente la edad del retiro para alcanzar hasta los 67 años para el 2031.

Algunas personas siendo conscientes de ello, no se atreven a cambiar su realidad.¿Porqué decidimos quedarnos en nuestra situación cómoda, aunque no sea la ideal, y no explorar el verdadero libre albedrío? Hasta parece que muy pocos humanos son realmente capaces de hacerlo, ¿Diseño o manipulación?

Conforme van pasando los años, me doy cuenta que no sólo no vivo en completa libertad, como era lo prometido, si no que todo el asunto se va asemejando más y más a una cárcel; claro, una cárcel disfrazada de “sociedad” o “bien común”, pero que a los únicos que beneficia son a los gobiernos, agencias y a los “demasiado grandes para fallar”, ya saben a quiénes me refiero.

Resulta que en un mundo en el que alguna vez pensé que las opciones eran ilimitadas, no lo son. Ir a la escuela no fue algo que yo deseaba, fue impuesto. Elegir una carrera y trabajar fue más una presión y manipulación social que un deseo innato. La carrera profesional ni siquiera se trata de realizarte en un oficio como resultado de una actividad humana que le da trascendencia al corazón, si no que se trata de aprender un currículum estandarizado para ser capaz de trabajar en las industrias dictadas como las “Económicamente viables”.

Hay pequeños lapsos en mi vida diaria, en donde contemplo la esencia de la libertad- cuando veo el cielo estrellado con cientos de miles de estrellas adornándolo en el firmamento. Cuando me maravillo ante el vasto y hermoso mar, lleno de fuerza y misterio; cuando veo la mirada de inocente de los niños, donde todavía vive la esencia de Dios. Cuando veo al glorioso sol cada mañana aparecer desde el horizonte- esos milagros diarios que hemos aprendido a ignorar, pero están ahí como testigos que la vida es mucho más que trabajar y comprar cosas.

No sé qué fuerzas nos encarcelaron en esta prisión mental de estudio-trabajo-consumo-morir en el que la mayoría de las sociedades actuales están metidas- lo que sí sé es que el elevar la consciencia hasta el punto de ver la prisión, me da un sentimiento de mucha esperanza. Si se puede ver la prisión, también se puede ver la salida- el mundo allá afuera- esperando nuestro regreso.

Pensar nos hace libres. El pensamiento es instrumento; la llave es la intuición y el acceso directo es CREER EN EL PLAN DIOS.

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